La confianza interpersonal ha caído. La participación en organizaciones sociales se ha reducido. La soledad se ha convertido en un problema de salud pública. La tasa de natalidad alcanza mínimos históricos. Los crímenes violentos aumentan. No son fenómenos aislados: son manifestaciones de un mismo proceso de desintegración social acelerada.
Los datos del deterioro
Solamente en los últimos quince años han disminuido sensiblemente la legitimidad de las instituciones públicas, la identificación y práctica colectiva religiosa, la representatividad de las principales organizaciones de la sociedad civil, la confianza institucional e interpersonal, y las posibilidades de acceso a la vivienda para nuevas generaciones.
El punto ciego de la política
La desintegración social es el punto ciego de la política chilena. Ocurre a ojos vista, pero nadie parece hacer demasiado para evitarla. Mientras unos temen que un combate decidido contra ella pueda comprometer derechos conquistados, otros velan por el crecimiento económico como prioridad insoslayable.
Hacia una respuesta
Revertir esta situación requiere de la construcción de estructuras de solidaridad que promuevan la sociabilidad humana en las distintas esferas de la vida social. No se trata de direccionarla por medio del Estado, sino de disponer las condiciones necesarias para que pueda florecer.